Seasonal Booking Workflow

La Otra Mirada es un ciclo de cine independiente que se celebra cada otoño en una sala pequeña del barrio de Lavapiés. La edición anterior funcionó bien en taquilla, pero la organización llegó agotada: los carteles se encargaron a última hora, los programas de mano no llegaron a tiempo y cada pieza gráfica parecía hecha por una persona distinta. Para la siguiente edición, el equipo quería algo más que un póster bonito. Necesitaban un sistema que pudieran usar sin depender de un diseñador cada semana.

Mi trabajo empezó con una conversación larga sobre qué películas se iban a proyectar y qué público querían atraer. No era un festival grande ni pretendía serlo. La sala tiene 84 butacas, las sesiones son de jueves a domingo y el público habitual vive en el barrio. Esa escala pequeña fue una ventaja: podíamos probar cosas que en un circuito comercial serían arriesgadas, pero también nos obligaba a que cada pieza funcionara en formato pequeño, desde el cartel de fachada hasta la historia de Instagram.

La decisión tipográfica

El punto de partida fue la tipografía. Quería evitar la estética de cartel de cine convencional, esa que usa tipografías condensadas y fotos de actores con mirada intensa. En su lugar, propuse una tipografía expandida, de trazo grueso, que ocupara el espacio con presencia pero sin gritar. La acompañé con una paleta reducida: naranja quemado sobre fondo crudo y negro tinta para los textos secundarios. Esos tres colores aparecen en todas las piezas, lo que da unidad sin necesidad de repetir el mismo diseño.

La retícula también fue clave. Cada cartel parte de una cuadrícula de seis columnas, pero la composición cambia según la película. Unas veces la tipografía domina la parte superior, otras veces el collage ocupa el centro y el título queda abajo. Esa variación controlada permite que cada pieza tenga personalidad propia sin romper la familia visual. En la calle, colgados uno al lado del otro, los carteles se leen como una serie, no como piezas sueltas.

Del boceto a la calle

El proceso incluyó varias rondas de bocetos en papel antes de pasar al ordenador. Para una de las películas, un documental sobre huertos urbanos, probé con collages de fotografías que saqué en un mercado del barrio. Esas pruebas manuales ayudaron a definir el tono: nada de bancos de imágenes genéricos, todo el material gráfico salió de la propia sala, de los ensayos y de los alrededores de Lavapiés. Esa decisión le dio al ciclo una autenticidad que difícilmente se consigue con recursos comprados.

La producción también fue un ejercicio de contención. El presupuesto no daba para imprimir en gran formato con papeles especiales, así que trabajamos con una imprenta local que usa papel reciclado de 120 gramos. El resultado tiene una textura que se nota al tacto, algo que encaja con el espíritu del ciclo. Para los programas de mano, optamos por un formato plegado en tres cuerpos que cabe en el bolsillo y que el espectador puede guardar como recuerdo de la sesión.

Lo que quedó después del estreno

El ciclo duró cuatro semanas y la respuesta del público fue mejor de lo esperado. Las sesiones se llenaron antes que en la edición anterior y varias personas comentaron en la sala que habían venido porque el cartel les llamó la atención. Pero lo más valioso fue lo que pasó después: la organización me pidió que dejara una guía breve con las reglas del sistema gráfico, para que pudieran adaptar las piezas a futuras actividades sin necesidad de rediseñar todo desde cero. Esa guía, de cuatro páginas, explica la retícula, los tamaños de tipografía y los usos del color. No es un manual corporativo extenso, sino una hoja de ruta práctica para un equipo pequeño.

El proyecto me confirmó algo que ya intuía: en la cartelería cultural, la coherencia importa más que la espectacularidad. Un sistema claro, bien pensado y con reglas sencillas permite que el trabajo sobreviva al diseñador y siga funcionando en manos del cliente. Eso es lo que distingue una identidad útil de una imagen bonita que se queda en el archivo.

Si tu proyecto necesita una imagen visual que funcione más allá del lanzamiento, podemos hablar de cómo estructurar un sistema gráfico adaptado a tu escala y presupuesto.

Seasonal Booking Workflow

Una selección de encargos que muestran el proceso de investigación visual y las decisiones de diseño detrás de cada pieza.

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